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Lácteos iv

Maternizadas y alergia


Este artículo aparecido en el periódico argentino Página 12, se hizo eco de los problemas generados por la alergia a las leches maternizadas. Además aporta más evidencia de la problemática láctea vacuna sobre los niños.


Alergia mal diagnosticada

El año de la buena leche podrá llamarse al que apenas empezó, ya que en 2007 se inaugurarán los primeros bancos de leche materna en la Argentina. Los primeros destinatarios serán los recién nacidos prematuros, en quienes la leche humana previene una grave enfermedad del intestino. También ayudará a nenes con problemas inmunitarios o con diarreas intratables por otros procedimientos.

En Brasil, también adultos con diarreas intratables son curados por leche de mamás. En ese país hay 200 bancos de este tipo: allí la leche se recolecta desde los hogares de las mamás que amamantan, de donde se lleva a los bancos mediante una red de distribución en la que intervienen los bomberos. La clave está en que toda mamá que amamanta está en condiciones de producir hasta 1200 centímetros cúbicos diarios de leche, mucho más de la que necesita su bebé. La puesta en valor de la leche materna se enmarca en una creciente toma de conciencia, entre los profesionales, de los posibles efectos adversos de las leches de fórmulas maternizadas.

“Ya hicimos las pruebas piloto para garantizar la asepsia y la calidad de la leche: la etapa actual es concretar la instalación del banco de leche”, anunció Mónica Waisman, pediatra a cargo de la subdirección de la Maternidad Sardá. Ya se cuenta con el equipamiento, en el que se destaca una pasteurizadora “cuyo diseño proviene de las que usa la industria lechera: la leche se calienta durante 30 minutos a 62,5 grados y luego se enfría rápidamente”.

“Muchos pediatras no diagnostican bien, en los bebés, la alergia a las leches maternizadas”: así lo señala, en Gran Bretaña, una encuesta efectuada por el Grupo Médico de Acción contra la Alergia. La dificultad para el diagnóstico obedece a que los síntomas correspondientes pueden enmascararse como imprecisas molestias gastrointestinales. Los sucedáneos de la leche materna basados en la soja también pueden suscitar alergia, y además se teme que, a largo plazo, puedan provocar problemas de fertilidad. Estos datos se enmarcan en un creciente compromiso de los pediatras por promover la lactancia materna. Una reciente investigación sugiere que los bebés alimentados a teta tienen menos riesgo de contraer diabetes cuando crezcan, y ya de chicos tienen niveles más bajos de azúcar e insulina en su sangre.

Según una encuesta que la agrupación médica británica Act Against Allergy efectuó entre 500 médicos, el 80 por ciento de los profesionales estimaban que sus colegas confundían los síntomas de la alergia a la leche con otras condiciones. Además, muchos de los médicos no sabían establecer el mejor tratamiento en cada caso, pese a que, sin tratamiento adecuado, estas alergias pueden llevar a consecuencias graves e incluso mortales. Según explicó Judith Moore, portavoz de la Asociación Dietética Británica, “los síntomas varían de tal manera que puede ser difícil discernir el cuadro”.

Gustavo Sager –neonatólogo del Hospital San Martín de La Plata– explicó que “la alergia a la leche de vaca es una reacción inmunológica de defensa a una proteína que no es propia de la especie: puede presentar manifestaciones alérgicas típicas, como eczemas, asma o urticaria, pero también diversas expresiones de intolerancia digestiva”. Mónica Waisman –ex titular de la comisión de lactancia materna de la Sociedad Argentina de Pediatría y actualmente a cargo de la subdirección de la Maternidad Sardá– advirtió: “Cuando un bebé o niño pequeño no amamantado tiene problemas gastrointestinales a repetición, que no se correlacionan con una enfermedad infecciosa demostrable, hay que pensar en una alergia alimentaria”.

Esto vale para las más sofisticadas fórmulas maternizadas. “Ni hablemos de los bebés alimentados simplemente con leche de vaca, la cual puede provocar trastornos importantes como las microhemorragias intestinales que conducen a la anemia”, observó Waisman.

En cuanto a las fórmulas basadas en soja, el Departamento de Salud y la Asociación Dietética Británica advirtieron que, como la soja contiene altos niveles de compuestos llamados “fitoestrógenos”, cuya acción es similar a la de los estrógenos femeninos, podrían plantear un riesgo a largo plazo para la fertilidad. “Además, el 50 por ciento de los bebés alérgicos a la leche de vaca también lo son a estos preparados de soja”, señaló Waisman.

Un estudio aparecido en noviembre pasado en el American Journal o Clinical Nutrition encontró que “las personas que fueron amamantadas tienen un riesgo más bajo de contraer diabetes tipo 2 en su vida ulterior, en comparación con aquellas que recibieron fórmulas maternizadas”. El mismo estudio –consistente en una revisión de investigaciones previas, que abarcó 76.744 sujetos– encontró que “niños y adultos que habían sido amamantados resultaron tener concentraciones más bajas de insulina en sangre y también niveles más bajos de glucosa”.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que la lactancia continúe hasta los dos años o más, según comentó la doctora Waisman: “No deberíamos escandalizarnos si vemos que una mamá está amamantando a un chico de bastante más que un año: no le va a provocar trastornos en su desarrollo psíquico; ese mismo chico puede caminar, correr, subirse a un tobogán, y después volver y tomar un poquito más de teta”.

Más de la mitad de los bebés cuyas mamás no tienen cobertura médica reciben leche de vaca sin modificar, alimentación que no es recomendada como sustituto de la leche materna. Así lo mostró un estudio de la Escuela de Nutrición de la UBA.

La investigación, llamada “Patrón lácteo en el primer año de vida”, fue dirigida por la nutricionista María Elena Torresani, y se efectuó sobre niños de 12 a 18 meses que habían concurrido en el último año a consultorios externos de establecimientos públicos y privados en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano: “En el grupo de madres que no tienen una cobertura médica, el suministro de leche de vaca sin modificar a los niños menores de un año alcanza al 50 por ciento de los casos”. Torresani advirtió que “su ingestión presenta riesgos antes del año de vida.

En cuanto a las fórmulas maternizadas, adaptadas para ser utilizadas luego de los seis meses, “en el 40 por ciento de los casos son incorporadas a partir de los tres meses”, y “sólo en un 40 por ciento se introducen a partir del sexto mes”.

Pedro Lipcovich - Página 12, lunes 8 de enero de 2007